domingo, 30 de junio de 2013

¿Por qué los niños nunca deberían dormir solos?

Ayer, 29 de junio fue el Día del Sueño Feliz. En 2012, el lema del día fue #desmontandoaEstivill y este año, las mamás blogueras y otras activistas pro-crianza con apego han elegido el lema #adormirfelices. ¿y por qué estas iniciativas? Porque aunque la evidencia científica reconoce el colecho como una practica recomendada y segura, aún son muchas las madres que siguen siendo criticadas por dormir con sus pequeños. 

El colecho, es el nombre genérico que se utiliza para las práctica de dormir con tus hijos/as. Generalmente se usa este término para engloblar tanto a niños que duermen en la misma cama, como los que duermen en una cuna de colecho. Muchos pediatras y algunos psicólogos pretenden desacreditar esta práctica, o lo que es peor, inventarse teorías sin evidencia científica (como el señor Estivill) sobre cómo enseñar a dormir a los hijos (como si dormir no fuera una necesidad, y por tanto, ya saben hacerlo más que de sobra, solo que no al ritmo que los pediatras o algunos papás quisieran). 

Sobre la práctica del colecho, existe una figura de referencia en el mundo científico, James McKenna, cuyas publicaciones defienden una y otra vez que, no sólo esta bien que duermas con tus hijos, sino que además es beneficioso.  Entre sus artículos, quiero destacar la revisión titulada Why babies should never sleep alone: a review of the co-sleeping controversy in relation to SIDS, besharing and breastfeeding. A continuación, os dejo traducidos algunos de los pasajes que desmontan los mitos más comunes en torno al colecho y en azul dejo mis conclusiones. 

"Lo normal es que un bebé duerma toda la noche de un tirón"

McKeena plantea que cuando se hicieron los primeros estudios sobre el sueño infantil usando polisomnografía, se consideró como medida estándar los patrones de sueño de niños que dormían solos y eran alimentados con biberón, y esto fue lo que se generalizó y se consideró lo "normal" en la psicología del sueño infantil. 

En lugar de hacer estudios etológicos, las concepciones más populares en la sociedad occidental sobre lo que se considera el sueño infantil saludable, a menudo se han hecho basándose en justificaciones morales que reflejan  ideas culturales recientes sobre cómo y dónde DEBEN dormir (según los padres) los niños, ideas que tienen la finalidad de proteger las relaciones de pareja y producir niños sanos psicológicamente "independientes". 


Si consideramos "bueno" que los bebés durman solos, es fácil concluir que los "niños buenos" son los que lo hacen. El adjetivo "niño bueno" se usa prácticamente como sinónimo de bebé con la habilidad para "dormir toda la noche" solo. 


El alcance de lo que la ciencia pediátrica sobre el sueño y especialmente de la investigación acerca de compartir la cama con los niños, se ha visto encerrada por ideologías personales (prejuicios) y el etnocentrismo, sobre todo por todo  aquello relacionado con lo que culturalmente se consideraba la relación nocturna "adecuada" entre padres y sus hijos. Durante los últimos 100 años en Occidente los valores sociales y morales y la nueva "ciencia del sueño" han actuado como prejuicios sobre los que definir cómo y dónde deben dormir los bebés. La popularidad que a partir de los 50 tuvo la alimentación con biberón con horarios establecidos solo reforzó la idea de que dormir sin interrupción en una cuna solitaria era lo "normal". 

Como se crea un modelo de sueño infantil según McKeena
 Es decir, los primeros estudios sobre sueño se hicieron con niños que dormían solos y eran alimentados con biberón (o lo que es lo mismo, lo que no era lo normal, sino los niños cuyas pautas naturales estaban alteradas). De estos estudios se obtuvieron datos, que se repitieron en otros estudios que seguían haciéndose con niños que dormían solos y alimentados a biberón. Todos estos datos se publicaron y se convirtieron en recomendaciones: si los padres querían niños que durmieran bien, tenían que reproducir las condiciones del estudio. Hasta que la mayor parte de los niños siguieron estas recomendaciones, y empezó a considerarse lo "normal" lo que estaba alterado por los estudios científicos. 

Si no se hubiera considerado normal que los bebés durmieran solos, en el ámbito científico no habrían aparecido nunca los debates acerca de dónde deben dormir los bebés. Esto explica también porque los estudios anticolecho se han permitido plantear conclusiones y hacer recomendaciones basándose en datos incompletos y anecdóticos. 

Basándose en evidencias objetivas, estos estudios que presuntamente muestran cómo de peligroso es para un bebé dormir cerca de su madre, no deberían ser difíciles de rebatir en el ámbito científico, excepto por los prejuicios de que los apropiado es que los bebés duerman solos. Estas ideas están tan profundamente introducidas en el diseño que escogen los investigadores para sus estudios, que ambas, ciencia e ideología acaban siendo lo mismo. 

"El colecho tiene riesgos para los bebés"


Para las especies como los primates, la madre es el ambiente natural
Sarah Blaffer Hrdy. 

Nacidos con solo el 25% del volumen cerebral del adulto, la cría humana es neurológicamente la más inmadura de los primates, con el desarrollo más lento y la más dependiente de su madre para la regulación fisiológica y el apoyo durante el período de tiempo más largo. Por tanto, la cría humana no tiene sentido más que si se considera a la luz del cuerpo de su madre. 

La posición supina para los bebés cuando duermen se desarrolló a la vez que la lactancia y el colecho madre-bebé, como un sistema adaptativo integrado. Cuando la lactancia fue remplazada por la alimentación artificial y el sueño infantil en solitario reemplazó el sueño madre-hijo, ha sido el único momento en el que las recomendaciones sobre colocar a los hijos en posición prona (boca abajo) para dormir han tenido sentido, o incluso, han sido posibles. Pero este error trágico trajo consigo la muerte de miles de bebés occidentales por el Síndrome de Muerte súbita del Lactante (SMSL).

Numerosos estudios muestran que sin instrucciones, la posición supina (boca arriba) es escogida universalmente por las madres lactantes que colechan, ya que es extremadamente difícil para el bebé moverse para iniciar y recibir el pecho mientras duerme cerca de su madre, tumbado sobre su estómago, la posición más peligrosa para el bebé para dormir. 

La explicación completa sobre porqué la posición supina para dormir es protectora (los bebés se despiertan más y duermen más ligero) solo se puede obtener al reconocer la complejidad los procesos de sueño: que la posición para dormir es solo una de las muchas variables comportamentales y fisiológicas que interactúan, cada una de las cuales cambia en relación a las otras cuando una madre lactante y su bebé duermen cerca. Estas variables incluyen el aumento de la interacción bebé-madre y de la atención, la orientación cara a cara del cuerpo, el aumento de las tomas al pecho, el aumento de la frecuencia cardíaca, el aumento de la temperatura corporal del bebé, el aumento de movimientos y despertares y un sueño menos profundo. 

Es decir, lo que biológicamente se ha desarrollado ha sido aquello que ha resultado adaptativo. Colechar era un comportamiento adaptativo que favorecía la lactancia materna, la interacción de la madre con el bebé y mejoraba la regulación física del bebé, todo ello, aumentando su supervivencia. La postura que más favorecía esto era la posición supina para dormir. La posición prona no se ha planteado nunca en la historia del ser humano hasta que se separó a las madres de sus hijos y la alimentación del pecho. 

"Si colechas, crearás niños dependientes"

Los libros sobre el entrenamiento del sueño de los bebés raramente definen que entienden exactamente por "independencia y autonomía" del bebé, aunque queda claro que el concepto se refiere más a la independencia de los padres (independencia del niño durante la noche), más que a cualquier característica psicológica cuidadosamente medida que sea transferible a otras situaciones del bebé. Aún, la "independencia" del bebé se considera que queda probada simplemente por los bebés que han sido condicionados para dormirse solos, sin obtener contacto o consuelo de sus padres. 

No existe evidencia que haya demostrado nunca que la independencia social y psicológica no puede ser o no es obtenida a través de numerosos aspectos de las experiencias sociales del bebé o sus relaciones sociales. Ningún estudio ha preguntado a los padres si la dependencia que consideran tan deseable para su bebé de 6 meses es igual de deseable cuando su hijo tenga 14 años. O lo que es lo mismo, ahora, cuando te necesitan todo el tiempo quieres que sean independientes, pero cuando lleguen a la adolescencia y realmente lo sean, reclamarás que vuelvan a ser los niños que necesitan a su madre. 

A los padres se les enseña que para establecer hábitos saludables de sueño para toda la vida, sus hijos "necesitan" y "deben" ser "entrenados" para dormir solos. Según la National Sleep Foundation Survey del año 2000 en los Estados Unidos, el 62% de los adultos cuyos padres probablemente siguieron estas recomendaciones generales inspiradas por el Sr Spock, actualmente refieren dificultades para dormirse y no despertarse; el 60% de los niños menores de 18 años se han quejado a sus padres de estar cansados durante el día y el 15% admiten haberse dormido en el colegio. Estos datos sugieren que, o bien no existe correlación entre los patrones de sueño en la infancia y los de la edad adulta, o que el modelo de aprendizaje del sueño defendido durante más de 60 años, que pretendía crear hábitos de sueño saludables, no solo ha fallado miserablemente, sino que ¡puede haber producido el efecto contrario al que prometía! A pesar de estas estadísticas, las guías de sueño infantiles continúan manteniendo que los niños necesitan que se les enseñe a dormir con mínima o ninguna participación paterna. 

Los beneficios del colecho

Las emociones primitivas subyacentes, controladas por el sistema límbico del cerebro, sin duda aparecieron para solucionar, durante nuestra evolución, una situación amenazante para la vida, por ejemplo, la separación del cuidador. La respuesta emocional de los bebés y los niños, resistiéndose a la separación paterna, llorando o protestando, probablemente son respuestas innatas y adaptativas, ya que la separación del cuidado seguramente significaba una rápida muerte para los niños en ese ambiente. Esta realidad evolutiva puede ser utilizada para explicar porque se dice que el 25-45% de los niños sanos de las sociedades occidentales sufren "disfunciones o problemas de sueño". Cuando los padres eligen que sus hijos duerman a su lado, estas disfunciones se reducen notablemente, incluso no se mencionan. 

Es decir, cuando un bebé llora es porque necesita llamar la atención de sus cuidadores ante un peligro inminente. Cuando el bebé duerme cerca de sus padres, se siente protegido por ellos, y aunque puede que se despierte más para mamar, lloran menos y se sienten más seguros (imagina qué tal dormirías si todos los días te fueras a la cama con miedo). 

Los potenciales beneficios psicológicos y emocionales del colecho para la posterior vida adulta y en la infancia están empezando ahora a ser publicados y resumidos. Los niños que "nunca" duermen en la cama de sus padres muestran una tendencia hacia ser clasificados como "difíciles de controlar" "menos felices" "menos creativos y con menos capacidad para estar solos"y en numerosos estudios muestran mayor número de rabietas. Los niños a los que nunca se ha permitido que duerman con sus padres son más miedosos que los niños que siempre duermen con sus padres durante toda la noche, un resultado que es exactamente el opuesto de lo que popularmente se cree. Esto cuadra perfectamente con la teoría del apego de Bowlby: los niños que colechan es más probable que tengan modelos de apego seguro. 

Forbes et al hallaron que los niños que colechaban en las bases militares americanas recibieron mejores puntuaciones de comportamiento de sus profesores, se implicaron en más actividades sociales y, comparado con los niños que nunca dormían en la cama de sus padres cuando uno de los dos se iba, los niños que colechaban formaban una "infrarrepresentación de la población que requiere cuidado psiquiatrico". 

Los estudiantes universitarios masculinos que habían dormido con sus padres entre el nacimiento y los 5 años tenían una autoestima significativamente más alta, experimentaban menos culpa y ansiedad y referían mayor frecuencia sexual. Los chicos que colechaban entre los 6 y los 11 años también mostraban mayor autoestima. Para las mujeres, colechar durante la infancia se asoció a menor incomodidad acerca del contacto físico y el afecto durante la edad adulta. Crawford encontró que las mujeres que colechaban de niñas tenían más autoestima que aquellas que no lo hicieron. 


En el estudio sistemático más amplio realizado hasta la fecha, con una muestra de 1400 sujetos en Chicago y Nueva York, hubo más resultados positivos en los adultos que colecharon de niños, a través de todos los grupos étnicos (afroamericanos  puertorriqueños en Nueva York, puertorriqueños, dominicanos y mexicanos en Chicago). Fue un hallazgo especialmente robusto el hecho de que las personas que colecharon mostraban un sentimiento de satisfacción con la vida. 


De acuerdo con el estudio longuitudinal de Okami et als, el estudio de Maccarin et al no mostró diferencias entre las personas que compartían la cama y las que no en cuando a problemas de sueño, ansiedad de separación, terrores nocturnos y fobias, preocupación sexual o competencia social. 


(puedes leer más sobre este tema en el artículo ¿son fiables los estudios sobre el colecho? )