martes, 21 de enero de 2014

La placenta y los árboles.

Extraído de Placenta: rituels et usage thérapeutiques
Cornelia Enning. 2010
Editiones du Hêtre
Traducido por M Velo para MatronaTaurt


El remedio popular más antiguo: la placenta

 Fuentes históricas y etnográficas

Según las representaciones de la Edad Media, la placenta nutría el cuerpo y el alma del niño por nacer. La función fisiológica de la placenta durante el embarazo mantenía una estrecha relación con su función simbólica. En ese momento, poco se entendía de la función de la placenta como filtro biológico, pero se pensaba que proporcionaba cierta comodidad para el feto, que hacía de su prisión (el cuerpo de su madre), un lugar soportable. También se pensaba que, en el cuerpo de su madre, el niño sólo podía estar extendido y es de esta idea de donde procede el nombre de "la cama del bebé". 

Una relación aún más íntima de la placenta con el bebé se mantiene hoy en Indonesia, donde la placenta se conoce como el hermano o la hermana del recién nacido. Los nativos de Bali creen que a su muerte, su placenta hace por ellos la mitad del camino hacia el paraíso. Mientras que en Java la placenta podía ser protector de la madre y el bebé, en Europa, hasta mediados del siglo XVIII se pensaba que  era la otra mitad del niño/a.
  
Esto último explicaría el hecho de que las matronas fueran confiando poco a poco la placenta a los padres, ya que, cuando un niño moría, a menudo se les acusó de ser las responsables por reutilizar la placenta o enterrarla ellas mismas. Así, en los años de la caza de brujas, se perdieron muchos de los conocimientos de las matronas sobre los remedios placentarios. Aunque hasta entonces la placenta se entendió sin ningún conocimiento de fisiología o bioquímica, ésta fue una parte del nuevo recién nacido digna de atención. 

Árboles-placenta

El aspecto mismo de la placenta sugiere una estrecha relación entre el cuerpo y un árbol. Muchos pueblos y culturas consideran sagrados los árboles, como entidades capaces de determinar el destino de los hombres, que están unidos estrechamente a la vida de estos últimos. "El árbol ha sido en todo momento una fuente de inspiración para el mito. A través de sus raíces, pertenece al mundo de las divinidades de la Tierra, el mundo de los muertos, de donde obtiene su fuerza vital. Su tronco es un símbolo de poderosa fuerza y tranquilidad. Con la renovación anual de sus hojas, el árbol es la figura original de la vida: la flor de la juventud, la plenitud de la edad madura, el color de la vejez y la decadencia de la proximidad de la muerte. Y aun así encarna la esperanza de una nueva primavera, de una renovación perpetua."


Desde el principio de los tiempos, el ser humano ha tenido una relación especial con los árboles. Tanto es así que el árbol aparece en el centro de creencias religiosas donde la compresión de uno mismo está profundamente ligada a la compresión de su árbol. Ya en los sellos cilíndricos de Mesopotamia (4000 a.C.) se encuentran representaciones de hombres arrodillados delante de un árbol. En el centro de santuarios germánicos, se erigen troncos de árboles o de su sombra, símbolos del Árbol del Mundo en el centro del Universo. En todas las culturas el árbol es un tema recurrente en la pintura, la música y la literatura ¿de dónde procede este símbolo universal del árbol que atraviesa culturas, épocas y lugares de lo más diversos?

Antes de su nacimiento, en la cueva del útero, cada ser humano tiene como primera percepción la silueta de un árbol. Mientras el feto se divierte en el líquido amniótico, la placenta forma una bóveda en forma de árbol protector, como un gran techo por encima del bebé. Los golpes y ruidos se filtran a través de él. Las secuencias grabadas en el útero con microlentes permiten ver a los bebés tratando de "subir" por el cordón hasta su placenta-árbol. La ondulada galleta placentaria se toca con las manos y a veces también puede estar pulida como un espejo. Cuando los ruidos asustan al bebé, este se refugia en los suaves pliegues formados por las ramas de los vasos sanguíneos de la placenta. La cabeza y el oído se esconden así del exterior y  le dan seguridad. La placenta se erige como un árbol fuerte dador de vida en el centro de nuestra vida intrauterina. 

La forma del árbol es familiar para todos los seres humanos. El amor y la veneración que la gente ha tenido por los árboles a través de los tiempos tienen sus raíces en los alegres recuerdos del paraíso prenatal. 

Así es como se puede explicar que los niños que nunca han visto un árbol en su vida, porque vivan en la estepa o el desierto, son sin embargo capaces de dibujar árboles. También conocen la imagen de un paraguas abierto encima de un tronco, como se observa en sus dibujos. Las primeras representaciones del ser humano en los dibujos infantiles tienen características de árbol. Esta conexión profunda con el motivo del árbol en el hombre sigue presente, de manera subconsciente, durante los primeros años. Más tarde en la vida, la imagen del árbol se refleja en el dibujo por ser particularmente humano. 

En muchas culturas, los árboles simbolizan las fuerzas de la vida y de la divinidad. Los "árboles santos" son reconocidos y sagrados, como el gingko o la higuera de Bengala, en Asia e Indonesia. En un número importante de sociedades, la edad del hombre se determina por los anillos de crecimiento de su árbol de nacimiento. En Indonesia, un plato con la placenta se suspende de un árbol, el "árbol-Waringin", que puede llegar a ser muy viejo, para que el recién nacido pueda participar de su venerable edad. Nuestro primer dador de vida, el árbol-placenta nos acompaña durante toda la vida, desde la cuna hasta nuestros últimos instantes en la cima de un tejo (Alemania) o un ciprés (Turquía). 

El calendario celta de los árboles y la placenta

Para muchos padres , también la relación entre el árbol dador de la vida  y la placenta es familiar. Así, padres de diferentes orígenes desean tratar este órgano de su hijo, que tanto tiempo le ha proporcionado comida y protección, con dignidad.  Como un signo de reconocimiento, y según una antigua costumbre, se planta un árbol donde está enterrada la placenta. Se supone que el árbol debe beneficiarse de la fuerza de la placenta y llegar a ser un árbol majestuoso . Aunque solo crezca hasta tu tamaño normal, acompaña al bebé en tanto en los buenos como malos momentos en su camino a la edad adulta. 

Todos los pueblos Ibo en Nigeria están rodeados de plataneros. Por cada nacimiento, se planta un platanero que lleva el nombre del recién nacido. La plantación pertenece a los hijos del pueblo y les sirve como terreno de juego particular. Más tarde, los árboles darán frutos con supuesto efecto curativo y nutritivo para sus protegidos. 

Para los antiguos germanos, la sombra proyectada por el árbol, determinada por su tamaño y la forma de su corona, se supone que proporcionaba predicciones sobre el camino de vida de su "hermano de leche". 

El árbol-placenta de los recuerdos prenatales se convierte en el árbol de la vida que introduce en la tierra un pedazo del paraíso. Hermann Hesse (1877-1963, escritor y pintor alemán, galardonado con el premio Goethe y el Nobel de literatura en 1946) considera el árbol como una imagen llena de significado, conectado a los recuerdos del pasado y un símbolo de renovación, pero también de crecimiento, instinto, vida natural, inocencia y prosperidad. Nada es más sagrado, nada es más ejemplar que un hermoso árbol fuerte. Los árboles predican la ley fundamental de la vida.

El crecimiento y la altura de un árbol depende de su especie. Según la tradición celta, la elección de la especie plantada para el recién nacido basa y se determina, como el horóscopo, los caminos de la vida de los nuevos habitantes de la Tierra. El árbol sagrado tiende un puente entre las puertas de ambos extremos de la vida: el nacimiento y la muerte. En la mitología celta, el manzano era el símbolo del final y la expresión del vínculo de amor que une al hombre con la naturaleza, a la vida con la muerte, el mundo de más allá con nuestro mundo.

Se pensaba que los frutos del manzano eran un refugio de almas que despertarían a una nueva vida. Si una joven se comía un manzana del "árbol de la vida", entonces podría convertirse en la madre de un nuevo ser humano. Esa futura alma estaría esperando su futura reencarnación en la parte superior del árbol. La palabra apfel (manzana en alemán) proviene de Apfelland, el Avalon de los celtas. Incluso hoy en día, en muchas partes de Europa, se planta un manzano, símbolo de prosperidad y fuerza vital, al nacimiento de un niño/a. 

Se pensaba que los frutos de un manzano alimentado por la placenta de aquel que la ha plantado transmiten su fuerza curativa a su "hermano de leche" que los comía. Hoy en día se sabe bien que una planta puede absorber las propiedades de las plantas vecinas. Por eso, un jardinero aprende que no debe plantar digital bajo un manzano, porque sus frutos absorberán la digitalina a través de las raíces (la digitalina es una sustancia con efectos sobre el corazón). En el cuento de Blancanieves, se hace referencia a este arte precelta de la fabricación de remedios: la "manzana envenenada" (¿quizás empapada en una infusión de digital?) sumerge a la joven en un sueño semejante a la muerte. 

En casi toda Europa, la placenta se enterraba bajo un árbol frutal. Según Jacques Gelis (profesor emérito de historia moderna en la Universidad de París) esta costumbre tiene su origen en el deseo de reconectar con el reino de los ancestros, simbolizado en el árbol genealógico. 

Como los árboles son también seres vivos sexuales, la especie de árbol a plantar se escoge de acuerdo al sexo del bebé: un manzano para una niña y un peral para un niño. Sabemos por ejemplo que el abuelo de Goethe plantó un peral al nacimiento del pequeño Wolfgang. En Suiza, se escoge un manzano para una niña y un nogal para un niño. Tradicionalmente, la abuela era la responsable de determinar que árbol le convenía mejor al recién nacido, ya que se consideraba que eran las que tenían una experiencia de vida más rica. 

Ahí donde hoy en día los partos en casa son comunes, esta necesidad sigue aún viva. Los padres que no tienen un jardín donde enterrar la placenta de su hijo, lo hacen bajo un árbol en el bosque. Muchos optan, como en época precristiana, por un abedul, al que visitan regularmente según va creciendo el niño. 

Hasta la Edad Media, la placenta se enterraba debajo de un abedul, el árbol de la diosa nórdica del Amor, Freya, a la que se rendía culto con esta ofrenda. Además, la cuna del recién nacido tenía que ser de abedul, porque representa la pureza, la luz y la renovación. 

Si los padres quieren asignar una especie de árbol en particular a su hijo/a, pueden consultar el calendario de árboles celtas (ver tabla a continuación). La variedad de árbol está determinada por la fecha de nacimiento. Así, se integra el acontecimiento del nacimiento en el curso natural de las estaciones del año. 

El calendario de árboles celtas puede guiar a los padres en la elección del tipo de árbol que asociarán con el niño, pero también pueden escoger ellos mismos. Este ritual es una oportunidad para animar a las nuevas generaciones a sentirse responsables del futuro y cuidado de los bosques. El año de los árboles celtas empieza el 22 de diciembre con la haya. Los puntos álgidos se sitúan en los equinocios de primavera y otoño. El valioso roble, cuyas hojas parecen aun llenas de luz en la parte más oscura del invierno, honra el día más largo del año, el solsticio de verano. El solsticio de invierno se simboliza con el muérdago. Cada una de las dos mitades del disco del año se dividen en siete intervalos regulares, que representan cada uno la esencia de un árbol. 

Calendario celta de árboles

INVIERNO

  • 22 dic: Haya
  • 23 dic - 1 enero: Manzano
  • 2 ene - 11 ene: Abeto
  • 12 ene - 24 ene: Olmo
  • 25 enero - 3 feb: Ciprés
  • 4 feb - 8 feb: Álamo-Chopo
  • 9 feb - 18 feb: Cedro
  • 19 feb - 28 feb: Pino
  • 1 marz - 10 marz: Sauce
  • 11 marz - 20 marz: Tilo
PRIMAVERA
  • 21 marz: Roble
  • 22 marz - 31 marz: Avellano
  • 1 abr - 10 abr: Cormier (lo siento, no he encontrado traducción al castellano)
  • 11 abr - 20 abr: Arce
  • 21 abr - 30 abr: Nogal
  • 1 may - 14 may: Álamo-chopo
  • 15 may - 24 may: castaño
  • 25 may - 3 jun: Fresno
  • 4 jun - 13 jun: Carpe
  • 14 jun - 23 jun: Higuera
VERANO
  • 24 jun: Abedul
  • 25 jun - 4 jul: Manzano
  • 5 jul - 14 jul: Abeto
  • 15 jul - 25 jul: Olmo
  • 26 jul - 4 ago: Ciprés
  • 5 ago - 13 ago: álamo-chopo
  • 14 ago - 23 ago: Cedro
  • 24 ago - 2 sept: Pino
  • 3 sept - 12 sept: Sauce
  • 13 sept - 22 sept: Tilo
OTOÑO
  • 23 sept: Olivo
  • 24 sept - 3 oct: Avellano
  • 4 oct - 13 oct: Cormier
  • 14 oct - 23 oct: Arce
  • 24 oct - 11 nov: Nogal
  • 12 nov - 21 nov: Castaño
  • 22 nov - 1 dic: Fresno
  • 2 dic - 11 dic: Carpe
  • 12 dic - 21 dic: Higuera